domingo, 11 de enero de 2015

La Relajación de los Órganos FonoArticulatorios


Los ejercicios con los fonoarticuladores le servirán al paciente para mejorar la movilidad y tonicidad que puede estar aumentada o disminuida, entrenándose el órgano o músculo que estuviese afectado con el objetivo de optimizar los movimientos articulatorio-fonatorios. Deberemos considerar que no todo paciente con alteración de la función vocal necesitará los mismos ejercicios, por lo tanto, la elección de la metodología de relajación en el entrenamiento de la voz dependerá del diagnóstico y los hábitos de cada consultante. A tal efecto, el logopeda se valdrá de todas las praxias y ejercicios que considere oportunos según las necesidades de cada paciente, apelando a su creatividad y sentido común.

A continuación se exponen a modo de ejemplo una selección de movimientos para trabajar independientemente cada articulador: lengua, labios, mandíbula (maxilar inferior) y velo del paladar. Los mismos estarían especialmente indicados en casos de tensión mandibular, retracción lingual, falta de movilidad labial; lingual; velar, etc. Los ejercicios con la inclusión del bostezo se utilizan para estimular la elevación y descenso del paladar blando y también para abordar síntomas de tensión laríngea (disfonía hiperfuncional).



Praxias linguales:

  • Sacar la lengua y llevarla hacia arriba, abajo, derecha e izquierda, estirando al máximo la base lingual.
  • Arquear la lengua en forma de un cucurucho, entrarla y sacarla de la boca manteniendo la forma.
  • Deslizar la punta de la lengua por todo el paladar hasta el velo, ida y vuelta manteniendo boca abierta.
  • Chasquear la lengua contra el paladar abriendo grande la boca y estirando el frenillo sublingual.
  • Repetir varias veces seguidas las vocales “o-i” unidas, sin mover labios ni mandíbula.
  • Sacar la lengua plana y ancha, introducirla lentamente en la boca y sin doblarla.
  • Girar la lengua dentro de la boca lentamente 3 veces hacia cada lado, manteniendo labios unidos.




Praxias labiales:


  • Repetir varias veces las vocales “a-o-u” sin mover la lengua.
  • Inspirar por nariz y hacer vibrar los labios mientras espira todo el aire.
  • Subir los labios juntos hacia la nariz, mantener la posición unos segundos y relajar.
  • Inspirar y gesticular las 5 vocales áfonas (sin sonido) lentamente mientras espira todo el aire.
  • Desplazar las comisuras labiales hacia cada lado (una media sonrisa).
  • Cubrir todos los dientes con los labios manteniendo la boca abierta.
  • Proyectar labios juntos hacia adelante en posición de silbido y luego hacia atrás dibujando una sonrisa con los labios juntos.




Ejercicios con la mandíbula:


  • Abrir y cerrar la boca lentamente.
  • Desplazar la mandíbula hacia delante, sentir la tensión y relajar.
  • Igual al anterior pero con la boca cerrada.
  • Llevar la mandíbula hacia un lado y hacia el otro con boca abierta.
  • Igual al anterior, desplazándola con la boca cerrada.
  • Abrir la boca lentamente y cerrarla rápidamente.
  • Abrir la boca exageradamente y cerrarla muy lento.




Ejercicios con el velo del paladar:

       
  • Realizar un bostezo con la boca abierta, procurando un descenso lento de la mandíbula con la lengua plana y sin tensión en el suelo de la boca. Durante el bostezo la entrada de aire se realiza por boca y se envía a la zona costodiafragmática, de este modo se evitan las respiraciones de tipo altas.
  • Con la lengua relajada fuera de la boca, introducirla lentamente mientras inspira el aire (por vía oral) hasta ubicarla en el suelo de la boca con la punta tocando los incisivos inferiores. Notar la elevación del velo del paladar como en el bostezo, dirigir el aire a la zona baja como en el ejercicio anterior.
  • Bostezar con la boca cerrada, manteniendo la lengua aplanada en el suelo de la boca y el ápice lingual contra los incisivos inferiores.
  • Efectuar una contracción prolongada del velo del paladar observando su elevación y luego relajar.
  • Manteniendo la boca abierta, tomar el aire por nariz y expulsarlo por nariz.
  • Igual al anterior, expulsando el aire por la boca.
  • Tomar el aire por la boca y expulsarlo por la nariz.
  • Igual al anterior, expulsando el aire por la boca.


La relajación siempre es un auxilio al proceso terapéutico, por lo tanto, se emplearán aquellos ejercicios que faciliten una producción vocal adecuada.

La relajación se integra durante la reeducación con el objetivo de favorecer un tono muscular laríngeo óptimo para la fonación. Lo importante de esto, es despertar en la persona la conciencia muscular y que sea capaz de reconocer el estado de relajación o tensión de cada zona, diferenciando la tensión útil de la contracción excesiva.


Es bien sabido que la voz es el reflejo de la personalidad y la tarjeta de presentación de cada individuo. Por tal motivo, un adecuado control tensional beneficiará el normal proceso fonatorio, evitando la disfonía por hipertensión que constituye la gran mayoría de los trastornos que llegan a la consulta de voz.